Lo que no se quiere se mata

De un tiempo a esta parte he venido encontrando en blogs y otras publicaciones digitales la utilización de la palabra muerte en titulares relacionados con la obsolescencia de algunas cosas. Si bien es posible que mi percepción sea incorrecta, he notado una serie de hechos que me llevan a reflexionar sobre esta nueva tendencia de declarar la defunción de aquello que no se quiere, aquello que se detesta, aquello que no se ajusta a las reglas e incluso de lo que aún está vivito y coleando.

Se escriben largos ensayos y teorizaciones en dónde se predice la muerte de uno o de otro. También se crean sitios web exclusivamente dedicados al futuro funeral y en otros casos, se dan consejos sobre cómo sobrellevar la desaparición “física” del difunto. Lo bueno del caso es que hasta ahora, los que escriben estas necrológicas anticipadas, no se han dedicado a matar personas. Al menos no “literalmente” (en ambos sentidos de la palabra).

Lo que se está matando en la blogósfera y en Internet en general son los medios de comunicación, el periodismo, las aplicaciones web y el software obsoleto.

 

La muerte de la prensa

El primero de los asesinatos cometidos en la era digital es el de la muerte del papel, o en su defecto, la muerte de los diarios. Esta “muerte” es en realidad una gran agonía, un largo y profundo coma, del que venimos hablando desde (por lo menos) unos cincos años atrás. Nadie se quiere adjudicar este crimen, pero los que más insisten en darle el olivo al periodismo son los mismos periodistas que, por cuestiones de suerte, brecha generacional o simplemente una habilidad para entender las nuevas tecnologías, encontraron en Internet la luz al final del túnel, una forma de reciclarse y de utilizar sus plataformas  en pos de la comunicación. Bien por ellos, pero ¿por qué el menosprecio gratuito hacia las raíces?

Los otros detractores del periodismo tradicional son los bloggers, los que descubrieron que escribiendo (bien, mal, regular) podían expresar sus opiniones sobre temas varios, sin la necesidad ni apoyo de un medio gráfico o una cámara de televisión. Poco tiempo después descubrieron que la cuestión blogueril es rentable y que sin competir o autoproclamarse un medio de comunicación formal, también podían utilizar la publicidad (hasta ese momento exclusiva de los medios masivos) para generar ingresos propios. De todos modos, terminaron compitiendo con los grandes medios y mientras los unos debaten qué hacer con el modelo de negocios semi-caduco, los otros esperan con un hacha en la mano.

La muerte de los blogs

Sin embargo, no pasaría mucho tiempo antes de que un tercero intentara ahora ejecutar a los bloggers. ¿Acaso ya todos se olvidaron de cómo hace poco menos de un año, Paul Boutin (colaborador de la prestigiosa revista Wired) le bajaba el pulgar a las bitácoras y cometía uno de los crímenes más comentados de la red?

Las cortantes palabras de Boutin decían más o menos así:

¿Pensando en lanzar tu propio blog? Toma este consejo de amigo: no lo hagas. Y si ya lo hiciste, tira del enchufe. Hoy en día, escribir en un blog no es la idea brillante que era cuatro años atrás. La blogósfera, alguna vez un oasis de aguas dulces para la autoexpresión informal y el pensamiento ingenioso, ha sido inundada por un tsunami de basura paga. Periodistas de segunda y campañas de marketing underground ahogan las auténticas voces de los maestros de la palabra amateur. Es casi imposible hacerse notar, excepto por quienes interrumpen. ¿Para qué molestarse? El tiempo que lleva armar prosa bloguera aguda y filosa se emplearía mejor expresándote en FlickR, Facebook o Twitter.

Por supuesto que la reacción en cadena de bloggers y no bloggers a favor del periodismo ciudadano no se hizo esperar, pero a esa altura Paul Boutin ya se había alzado con su clickbaiting hacia otros hemisferios.

La muerte de los links

Calmadas las aguas entre el periodismo profesional y los blogs (o simplemente acalladas por un tiempo) la batalla campal ahora continúa entre empresas de noticias, periodistas devenidos digitales y el Gran Hermano Google que todo lo indexa y todo lo enlaza.

La Associated Press culpa a Google de utilizar contenidos que no le pertenecen. El presidente de la AP, Tom Curley, manifestó recientemente que la postura de su organización es que  “el mínimo uso de un artículo publicado online requiera un acuerdo de licencias con la organización que lo ha producido”. Durante una entrevista citó ejemplos específicos que incluían un titular y un enlace a un artículo, una práctica habitual en motores de búsqueda como Google, Bing y Yahoo, agregadores de noticias y blogs.

En resumen, lo que propone la AP es matar el enlazamiento natural entre sitios web, a menos que exista un acuerdo previo entre partes. Y según Jeff Jarvis, el principal periodista opositor de los viejos métodos de la prensa, ésta actitud va a conducir a la Associated Press (y a los que se sumen a su cruzada) derechito a su tumba.

Q.E.P.D Internet Explorer 6

En el intrincado mundo de la World Wide Web, no solamente los periodistas se trenzan en su charquito de lodo. Por el lado de la arquitectura de sitios emergen los talibanes del diseño y el desarrollo web pidiendo a diestra y siniestra por la cabeza del explorador más controvertido y odiado de todos. Alegando que IE6 atrasa, estanca, no deja diseñar como a uno se le venga en gana, esta horda de developers enfurecidos ya no saben qué hacer para que los analfabetos digitales se deshagan de tamaña porquería.

De esta manera, si las campañas online orquestadas en su contra tienen éxito, el cuerpecillo sin vida de Internet Explorer 6 descansará por fin en el cementerio de Internet, junto a Netscape 4, el mensajero ICQ y Windows 95, entre tantos otros.

Twitter: crónica de una muerte anunciada

Twitter is dead

Twitter is dead

Hace no menos de un par de días Twitter sufría un ataque DoS que lo dejó fuera de circulación durante varias horas seguidas. No hace falta que les cuente cómo estaba la comunidad cibernauta a raíz de este pequeño gran desastre. Pululaban de a miles hacia Facebook u otras redes sociales, que coincidencia o no, tampoco funcionaban en ese momento. Al parecer, la famosa parca ¡ese día tenía un hambre de aquellos!

Aunque no se sabe a ciencia cierta la razón de la balacera contra Twitter, ni lentos ni perezosos, los agoreros de siempre no tardaron en publicar entradas con el fin de hacer leña del árbol caído. ¿Qué hiciste el día que Twitter casi murió? Así se titula el post de Twitip.com, un blog dedicado pura y exclusivamente al uso de la red del pajarito.

Este mismo blog es el que luego publica una suerte de lista de los 5 pasos a seguir cuando ocurra la eventual muerte de Twitter. ¿Adónde nos escondemos? ¿Cómo sobreviviremos la desaparición del pío-pío más querido de la Internet? Tal como si nos prepararan para la muerte de un ser físico querido, este blog nos aconseja empezar hoy mismo a acostumbrarnos a la idea:

Estar preparado mentalmente. Quiero creer que habrá Twitter por 20 años más. También creo que en algún momento se convertirá en la nostalgia de un sitio. Prepárate para ese día. Cuando Twitter muera, estarás preparado porque has practicado los básicos del networking. Cuando se desvanezca, lo habremos usado para reunir una buena tribu, y así nuestra tribu se moverá con nosotros dondequiera que vamos, cuando Twitter encuentre su inevitable fatalidad.

No obstante, siendo evidente que algunos de estos casos pintan más como una humorada que como para tomárselos en serio, confieso que me cuesta emitir una conclusión precisa sobre cuál es la razón que nos lleva a  destruir cosas con nuestro lenguaje, aún cuando muchas de ellas no parece que vayan a desaparecer antes de tiempo.

Debo aclarar que no estoy en contra de las transformaciones. Es sumamente necesario que ocurran transformaciones, pases de lo viejo a lo nuevo, de lo bueno a lo óptimo, de lo práctico a la maleabilidad total. Sin embargo, estos cambios no deberían implicar la muerte inminente de las cosas sino la fluída transición hacia un nuevo estado.

Pareciera que no podemos aceptar las diferencias en nada ni en nadie. Esta visible violencia que se cristaliza en el lenguaje escrito de los textos publicados en la red, sólo conduce a que se incremente la noción de la obsolescencia programada como único modo de cambio.

Obviamente, la extinción de un explorador de Internet o de una red social, e incluso la de la prensa misma, no se debe ni se puede equiparar con la muerte de personas o animales. Sin embargo, el uso repetitivo de un lenguaje agresivo inevitablemente se imprimirá en nuestra mente y pronto se tornará habitual el reclamo por la supresión taxativa de las cosas que no nos gustan.

Uberblogged

Licenciada en Comunicación Social. Trabajando en Social Media, MKT y Comunicación Digital. Blogger.

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