Hace un par de semanas, cuando Twitter anunció a todo el mundo que comenzaría con la aventura de traducir su sitio web (en inglés) a los idiomas más populares, y que ésta traducción se realizaría en base a la colaboración de los usuarios que quisieran participar, la polémica se desató y las aguas no tardaron en dividirse.

Por un lado, los “fanboys” y las “fangirls” del pajarito azul no titubearon ni un minuto en completar el formulario de inscripción para alistarse entre las huestes de intérpretes freelance, mientras que los más escépticos optaron por ver a esta movida como una “avivada” por parte de Twitter para obtener “traducción gratis” y así ahorrarse unos cuantos miles de verdes en traductores profesionales.

En lo que a mí respecta, la idea me pareció muy buena. Se hacía obvio que al igual que pasó con Facebook, Twitter necesitaba estar disponible en otros idiomas para que más gente tuviera la posibilidad de sumarse al servicio. Pero fiel a mi costumbre de llevar la contra, me enlisté del lado de los desconfiados y no tardé en dudar de las verdaderas intenciones de Twitter.

No es que me preocupara el “trabajo gratis” del que se quejaban los descreídos, sino más bien la calidad de las traducciones. Me preguntaba si realmente era posible que una empresa, que de momento se encuentra en la cima de la montaña, dejara librada la traducción de su comunicación oficial a manos de amateurs.

Me preguntaba si realmente era posible lograr, entre tantas personas con diferente nivel educativo y profesional, una traducción certera y coherente de los contenidos del sitio y no un desmadre de modismos y localismos típicos de un idioma tan extenso como lo es, en nuestro caso, el español.

Por lo tanto, sin hacer demasiado caso a los dimes y diretes, me inscribí para participar de la traducción colectiva de la estrella del microblogging. Ya había escuchado cosas como “yo colaboro con Twitter porque siento que debo devolverles un poco de todo lo que ellos me han brindado con su servicio” y otras como “sólo hay que traducir unas cuantas palabritas. El sitio no es tan grande. Vale la pena hacerlo y no significa trabajar gratis.”

A pocos días de apuntarme en el sitio recibí la autorización para comenzar a traducir y también se colocó una insignia virtual que ahora aparece en mi perfil, a modo de gafete. La interfaz de mi página de usuario se modificó al agregarse una pestaña lateral donde puedo ver las opciones de traducción.

interfaz traduccion 800x227 La verdad sobre la traducción de Twitter

Cómo luce el perfil de un traductor de Twitter

Existen dos formas de realizar ésta tarea: por páginas individuales o el sitio completo. Cada elemento traducido se guarda y se puede detener la traducción para luego retomarla en otro momento. La interfaz de traducción es muy simple de usar. Si no se sabe o no se puede traducir un elemento se pasa al siguiente y ya. Cuando elegís la opción de traducir el sitio completo, se puede visualizar una barra de progreso al principio de la página. La cantidad de elementos a traducir es de 1401 y existen 11 niveles de traductor. Cuantos más elementos se traducen, más se avanza en los niveles, siendo el nivel 11 el máximo alcanzado.

Al momento me encuentro en el nivel 10; llevo alrededor de siete días seguidos de trabajo, un par de horas al día. Y es aquí donde yo descubro el gran secreto detrás de la gran movida de Twitter: no se trata de personas trabajando gratis ni de una empresa reduciendo presupuesto y aprovechándose de sus clientes. Se trata nada más y nada menos que de un enorme plan de marketing y de fidelización de usuarios, enfocado en su expansión mundial como servicio, en la consolidación de la relación cliente-empresa y en todo el buzz posible que esto pueda generar. ¿O ya no se acuerdan de los documentos publicados por TechCrunch un par de meses atrás? ¿Aquellos borradores en los que Twitter se planteaba como objetivo a largo plazo convertirse en el “pulso del mundo”?

Algunos se preguntarán si Twitter todavía necesita que se hable de él, y yo opino que sí. Twitter aún no es Facebook, sobre todo en lugares fuera de los Estados Unidos. La campaña de evangelización debe continuar y qué mejor que hacerlo a través de los usuarios, que en épocas de Social Media, sus opiniones son las que más se valoran para este tipo de servicios.

Entonces, ¿por qué arribo yo a estas conclusiones? Nada más decir que la traducción de Twitter se torna una carga pesada de soportar cuando pasas el nivel 6. Todos los que imaginaban que se trataría solamente de traducir cosas como “Tweets”, “Followers” o “@Replies” se equivocaron feo. Además de traducir tales obviedades, el sitio completo de Twitter no se termina en la homepage, sino que posee una gran cantidad de secciones y mensajes internos que la mayoría de los usuarios regulares no vemos ni leemos.

También forman parte de los contenidos los Términos de Servicio y las Políticas de Privacidad, cuyos textos interminables redactados en el más puro lenguaje legal, de seguro no les será familiar a la mayoría de los intérpretes amateur. Por lo tanto, dada la complejidad y la cantidad de elementos que necesitan de traducción, estoy en condiciones de suponer que muchos de los que habían comenzado con este trabajo, a esta altura deben haber abandonado en el nivel 4 o nivel 6.

¿Pero eso importa? ¡Ni modo! La estrategia de Twitter está diseñada para que el usuario se divierta traduciendo, saltee lo que no sepa, compita con sus pares y si tiene ganas y le da el cuero, llegue al nivel 11 con traducciones de calidad medianamente aceptable. No existe un control ni de ortografía ni de gramática. Sin embargo, debo mencionar que la empresa ha advertido que no permitirá el envío de traducciones intencionalmente incorrectas, como chistes u ofensas.

Lo cierto es que Twitter ha sabido usar muy bien esa imagen “naive” que proyecta gracias a su popular icono, pero sinceramente presiento que hay un horda de traductores profesionales, bien pagos, que están liderando la traducción oficial. Esta traducción formal y sin errores seguramente será cotejada con los textos emitidos por los usuarios para lograr consenso respecto de lo que  “se sienta mejor” en cuanto al uso cotidiano y coloquial de  los distintos idiomas.

En definitiva, luego de experimentar en primera persona la consigna propuesta por Twitter, me queda más que claro que todo este montaje tiene más que ver con instalar un sentido de pertenencia en los usuarios, que con contratarlos como “traductores”.